Durante la realización de múltiples inspecciones a diversos y variados tipos de ocupaciones con sistemas de protección contra incendios ya instalados y en funcionamiento, se puede notar que, si bien, la industria de la protección contra incendios en suramerica, ha tenido mejoras sustanciales en cuanto al tema de diseño e instalación, aún se presentan procesos inusuales cuando de programas de inspecciones pruebas y mantenimientos se trata, por lo que es muy usual encontrar que en muchos casos se encuentran rutinas de este tipo de programas que no son normativas y que se ejecutan por “experiencia” de la empresa que presta dicho servicio y muchas veces no se siguen rutinas o lineamientos acordes a las necesidades del cliente y del sistema y mucho menos rutinas establecidas en capítulos de IPM de los documentos de instalación, por ejemplo, con los sistemas de rociadores automáticos, es común ver que este tipo de programas de IPM (cuando los implementan) no tienen en cuenta actividades primordiales (en especial en el tema de pruebas de desempeño) las cuales son esenciales para corroborar que dichos sistemas funcionarán, tal y como fueron diseñados, entonces, es imperativo que se alcancen una serie de objetivos, los cuales se describen a continuación

1. Controlar el estado de las válvulas de los sistemas

Si bien, los sistemas de rociadores automáticos se caracterizan por su alta efectividad en el control, e incluso en la extinción de conatos de incendios; así estos se hayan diseñado e instalado de manera aceptable, desafortunadamente, poco podrán hacer si llega a tener sus válvulas de corte cerradas, falla que constituye casi el 70% (67%) de las fallas de sistemas de rociadores automáticos operativos, según un reporte de NFPA research publicado en 2014. Por lo que la verificación periódica varía según el tipo de bloqueo que presente (semanal o mensualmente) y según el capítulo 13 de NFPA 25 Ed 2017 debe llevarse a cabo esta inspección , sin excepción, garantizando de esta manera el suministro de agua oportuno y sin restricciones para el sistema de rociadores, adicionalmente, es importante destacar, que las válvulas deben estar totalmente abiertas, pues si estas están parcialmente abiertas también tendrá repercusión en el desempeño del sistema; para ello, la correcta supervision de las válvulas, mediante un sistema de alarma(no es la única opción), es clave para apoyar esta importante labor y evitar fallas inesperadas por esta condición.

2. Revisar la totalidad de los rociadores automáticos

Si bien, no es una labor sencilla, es uno de los objetivos que debe perseguirse cuando se implementa este tipo de programas, pues con ello, se verifica el estado de la totalidad de los rociadores de la ocupación, detectando condiciones en los mismos, tales como: pintado por otro que no sea el fabricante, corrosión del rociador, pérdida de fluido en el bulbo, suciedad excesiva (loaded), rociadores con fuga y rociadores golpeados, las cuales hacen que estos deban ser reemplazados; según el capítulo 5 de NFPA 25 ed 2017, esta labor debe llevarse a cabo al menos una vez al año y debe hacerse a nivel de piso

3. Llevar a cabo las respectivas pruebas de flujo y documentar sus resultados

Las pruebas que requieren estos sistemas, están diseñadas para evaluar diversos parámetros y valores obtenidos en la fase de diseño, tales como la presión estática, residual , entre otros puntos, por lo que es absolutamente indispensable su realización y el omitirlas, disminuye la confiabilidad de los mismos, dado que es vital, contrastar los resultados obtenidos en las pruebas de aceptación de los sistemas en su estado inicial y su variación año tras año, esto con el fin de prevenir obstrucciones y evitar que alguna válvula se encuentre parcialmente abierta, lo que afectaria la descarga de agua del sistema

4. Almacenar electrónicamente los resultados del programa de IPM

El capítulo 4 de NFPA 25 Ed 2017, establece que los resultados obtenidos en la ejecución de este tipo de programas deben ser almacenados electrónicamente, pues con esto se garantiza la trazabilidad de los procesos realizados a los sistemas y sirve de soporte para las entidades que soliciten el seguimiento a este tipo de programas como aseguradoras y departamento de bomberos, entre otros; adicionalmente, reduce el consumo de papel y hace más sostenible ecológicamente la actividad, por ejemplo, he tenido la oportunidad de llevar a cabo varios programas de este tipo y anualmente es posible ahorrar entre 3 y 4 resmas de papel por ocupación, con eso, se reducen significativamente las emisiones de CO2 y de paso se salvan unos cuantos árboles, primordiales hoy por hoy en nuestro planeta.

5. Evaluar el estado del sensor de flujo

Al momento de la activación de un rociador automático, como bien se sabe, el movimiento de agua por un período de tiempo determinado, hace que un sensor de flujo se active, generando una señal que notificará en el panel de incendios que el sistema de rociadores “x o y” se activo y que se requiere la presencia en el lugar por parte de personal encargado de emergencias, por lo que, su funcionamiento, al igual que el de los demás dispositivos debe garantizarse, sin embargo, es este elemento el que garantiza una interfaz entre el sistema de extinción y el sistema de alarma, lo que permite por ejemplo, desalojar la ocupación de manera controlada, hacer llamado de emergencias al cuerpo de bomberos de la zona, posiblemente, apagar equipos de inyección de aire, y restringir el uso de los ascensores, entre otros; para esto NFPA 25 y los fabricantes, tienen las respectivas rutinas que deben ejecutarse para garantizar su funcionamiento y cualquier daño en el mismo debe ser corregido de inmediato, pues, una falla en este se considera una deficiencia crítica del sistema de protección contra incendios.

6. Verificar el estado del equipo encargado del suministro de agua del sistema

Los sistemas de rociadores automáticos no serán efectivos, si el equipo de bombeo o fuente de suministro de agua no son confiables, por lo Que debe llevarse a cabo una tarea conjunta en la que se garantice que la totalidad de los sistemas de protección contra incendios se inspeccionen, prueben y mantengan de acuerdo a los lineamientos de NFPA 25, dado que son complementarios entre sí, entonces, no es manejable el concepto que, desafortunadamente, se maneja en muchos escenarios en suramerica en el cual, las únicas veces en que se intervienen los equipos, es cuando ya fallan elementos claves para la operación de los mismos, siendo muy común ver que los sistemas de rociadores no funcionan la mayoría de veces por fallas tales como, equipos de bombeo con daños por altas temperaturas, lubricacion, rodamientos destrozados, entre otros

7. Un programa IPM NO es para certificar ni validar que el sistema de rociadores está correctamente instalado y diseñado

De hecho, este punto se sale del alcance de NFPA 25, por lo que es muy usual ver que el cliente tiene esa falsa sensación de seguridad, pues, al implementar su respectivo programa de ipm, desafortunadamente cree que el sistema va a controlar o extinguir el incendio si o si, tema que no puede garantizarse, pues no se tiene certeza si el sistema como tal fue bien concebido y si bien, de existir errores de instalación , estos son corroborables, no es uno de los objetivos de los programas de IPM implementados, sino que deben ser analizados, de manera integral por parte de la compañía consultora, quien debe tener la responsabilidad de informar al cliente que su sistema, posiblemente no funcionará ante una eventual emergencia (en caso que aplique)

8. Revisar la existencia y el estado de los rociadores de repuesto

En el capítulo 5 de NFPA 25 ed 2017, se estipula que cada edificación que tenga instalado sistemas de rociadores automáticos, debe tener un stock mínimo de rociadores de repuesto, en caso tal que alguno de estos falle o se presente alguna situación en la que se deba reemplazar alguno de estos, por lo que cada compañía debe tener la cantidad mínima requerida, la cual va en función de los rociadores totales que tenga instalados en su sistema, entonces, si la ocupación tiene trescientos o menos, deben tenerse en stock seis rociadores; en caso de tener mil rociadores o menos deben tenerse doce rociadores y si la ocupación tiene por encima de mil rociadores deben tenerse un mínimo de veinticuatro rociadores. Además es importante destacar que se debe tener en proporción con cada tipo de rociadores presentes en la ocupación; teniendo especial cuidado que los rociadores de repuesto mencionados tengan, entre otros, la misma Temperatura de activación, el mismo factor K, la misma respuesta y la misma orientación, esto con el fin de evitar que falte cualquier tipo de rociador que pueda Tenerse instalado en la ocupación

9. Llevar seguimiento de las presiones de trabajo de los sistemas

En este punto la norma NFPA 25 ed 2017 es clara; si de presenta una disparidad de más del 10% en los resultados obtenidos durante las inspecciones y pruebas realizadas a los sistemas de rociadores automáticos, debe realizarse una investigación del porqué se presentó este hecho y documentarlo, pues, como bien se sabe, teóricamente estos sistemas no deberían presentar mayor cambio en sus valores de presión de trabajo, sin embargo, por factores como la realizacion de modificaciones y remodelaciones en los lugares que tienen instalados los sistemas de rociadores, entre otros, siempre se debe despresurizar y volver a presurizar los sistemas, lo que puede llegar a variar las lecturas de presión mencionadas, por otro lado, las presiones obtenidas durante las pruebas pueden variar también por ejemplo, por válvulas parcialmente abiertas, bolsas de aire u obstrucciones en las tuberías, que deben ser subsanadas oportunamente.

10. NO recurrir a prácticas no recomendadas

Aunque existen documentos, que explican claramente los procedimientos de inspección prueba y mantenimiento de los diversos sistemas de protección contra incendios (NFPA 25 para extinción capítulo 14 de NFPA 72 para sistemas de alarma) , existen aún muchos “mitos” alrededor de esta disciplina, lo que conlleva a ver prácticas poco convencionales y que muchas veces van en detrimento del sistema de protección contra incendios; específicamente, algunas personas y compañías realizan por ejemplo, la ruptura de los elementos termo sensibles de los rociadores automáticos mediante la aplicación directa de una llama, para probar que estos “sirven” y documentan fotográficamente su “hazaña” , sin saber que para evaluar las condiciones de operación de los rociadores, basta con tomar un muestreo representativo de los mismos (1%) y enviarlo a los USA a un representante de la marca para que evalúe entre otros, factores como el RTI y su patrón de descarga, entre otros y que esta evaluación solo debe realizarse a rociadores que tengan más de cincuenta años de uso, los rociadores que hayan sido fabricados antes de 1920, deberán cambiarse. Además para simular la condición de flujo en un sistema de rociadores, este debe contar con una válvula de prueba y drenaje la cual tiene en una de sus posiciones una platina de orificio con el diámetro que permita simular esta condición, por lo que la ruptura de un rociador para probar el sistema se desvirtúa.

La responsabilidad adquirida como consultores es enorme al momento de ejecutar programas de IPM, por lo que debemos tener conocimientos sólidos en la materia, lo que nos permitirá ejecutar este tipo de servicios de manera segura y disminuirá nuestro margen de error, contribuyendo a que nuestra sociedad tenga cada vez menos conatos por presencia de falsas seguridades con sus sistemas de PCI

Autor: Ing. Germán Augusto Ripe Jaime

Director Inconin Fire Ltda

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